Tanto al nacimiento como durante las primeras semanas y meses de vida, en todas las visitas al médico debe explorarse bien al recién nacido para asegurarnos de que no haya signos de la conocida displasia de cadera. Este proceso es poco frecuente, pero puede acarrear muchas consecuencias si lo diagnosticamos de manera tardía afectando a la marcha, produciendo cojera, etc. De modo que es un proceso que debemos sospechar.
Generalmente se explora al bebé utilizando las maniobras de Ortolani y Barlow. Estas maniobras nos permiten valorar si la cadera está luxada, es decir, si la cabeza del fémur está fuera del acetábulo de la cadera o si, estando en su sitio, con determinados movimientos de las piernas del niño se pudiera salir. Cuando hay sospecha de displasia se suelen realizar radiografías y ecografías. En ocasiones se solicita la valoración por parte de un traumatólogo infantil.
Ante una displasia de cadera se procede a aplicar el sistema conocido como de doble pañal: se ponen uno o dos pañales entre las piernas del recién nacido para conseguir que las separe y el fémur vaya hacia la cadera. Obtenemos el mismo resultado mediante los calzones de abducción, un dispositivo ortopédico más rígido que logra que el niño mantenga las piernas abiertas.
Cuando el diagnóstico es tardío o si la displasia es severa puede ser necesario realizar una intervención quirúrgica a fin de solucionar el problema.
(Información actualizada a 1 de abril de 2008)
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